Mi pregón de Semana Santa.

 

YA ESTÁ AQUÍ

Ya está aquí, ya la tenemos encima, ya se presiente, ya empieza a oler el manjar del incienso y al oro blanco del azahar, es Doña Cuaresma.

El paso previo a los días más anhelados, los días mas añorados. Es la época donde una corneta llora de manera diferente cuando raja el aire, es la época de ver por cualquier rincón de Sevilla una parihuela de ensayo o un cartel en la Puerta Carmona que dice “Se hacen capirotes”.

Es la época de probar las túnicas de nazarenos para los niños y niñas que son el futuro de la Semana Santa, esas túnicas guardadas por las abuelas con mimo año tras año, esas túnicas que cuando las ves planchadas y colgadas de las perchas se te sale el corazón del pecho deseando que llegue el día para ponértela.

Es el paso previo para que un domingo soleado desde El Porvenir una hilera de túnicas blancas atraviese el parque buscando Sevilla y una “rampla” de nazarenitos rebosantes de ilusión acompañe a Jesús y su pollino o que desde el otro lado del río una luz trianera estrellada atraviese el puente.

Esos días que un Cautivo de Mercedes y otro con su Madre de ojos verdes vienen a Sevilla para demostrar lo que se quiere a un barrio y que con el izquierdo por delante, desde los arrabales trianero, llegue un barco marinero con dos claveles junto al llamador, de aquel que manejo su timón y ahora está junto a Él.

Son los días en que se desbordan los Dolores cerreños de terciopelo burdeos por su padre muerto en el madero. Son los días en que nos presentan al Hijo de Dios en La Calzá o nos abofetean en San Lorenzo.

Es el día donde a Jesús le dan agua en Nervión o donde cruza el Arco del Postigo la Madre llevando en brazos a su hijo muerto y le canta saetas El Pali desde el mismo cielo o un capote torero de Refugio sube el puente buscando a su Hijo, a la misma vez que es prendido en la cercanía de la calle Orfila.

O puede ser un día donde la Cruz es exaltada junto a caballos desbocados de pasión morada de esparto o quizás puede ser el día que aquel maldito romano se muerda el labio castigando la espalda de Sevilla atada a la columna buscando su Victoria justo en el momento que el Hijo de Dios reza entre olivos junto al sueño de los suyos.

Quizás sea el día en que el Hijo se Sevilla ronde las calles con su madero a cuesta esperando a aquel calé de rasgos moreno angustiado por el sufrimiento de su Madre, las dos Esperanzas morenas que enamoran a Sevilla y la zancá del que tiene su morada en San Lorenzo.

Aunque  no sé si el día es cuando Triana se muere a borbotones desde la calle Castilla expirando junto a su vecino el nazareno antes de ser amortajado por Nicodemo al paso del muñidor desde Santa Marina.

Pudiera ser ese día que es enterrado Jesús y su madre la Esperanza trinitaria sevillana llore desconsolada por su hijo.

Pero en verdad digo que Cristo no resucitó al tercer día, si no al octavo, y lo hizo en la Calle San Luís.

¡Bueno aguantarse ahí!, ahí queó!

                                                                                   JOAQUÍN BURGOS LAGOA.

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