Que empiece el baile.

Atrás quedaron los mantecaos, el lote de beber, el lote de comer, gastarse el dinero que tanta fatiguita cuesta ganar, las calles adornadas con iluminaciones cada vez más variopintas. Cuando terminó de pasar Baltasar empieza el baile.

Empiezan las primeras igualás, las caras de ilusión de las gentes que van a pedir hueco, y de desilusión cuando se van por el camino que han ido con un “lo siento”, el ver a los compañeros, los abrazos y besos con ellos, los ensayos, ese pellizco en el estómago cuando después de un año te vuelves a poner tu costal, ese quitarles las hojas al calendario esperando que llegue el día, esa preocupación cuando te dicen “Quillo, el otro día dijeron en El Llamador que va a llover en Semana Santa” y tú te acuerdas de toda la familia del gracioso que te dice eso.

Ya empieza el pelearte con tu jefe para que te dé los días en Seman Santa y que cada vez que se lo dices te conteste: “Po este año la cosa está más chunga pa poder coger los días, además eso de salir de costalero es un rollo, yo me voy a partir las espaldas por las quejilas”, bueno mi arma tú me das a mí los días y con tu espalda has lo que te dé la real gana.

En fin que empiece el baile.

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