XXX ANIVERSARIO.

 El 7 de marzo de 1981, apenas me contemplaba una década de vida, pero sabía que algo estaba pasando ese día, algo que marcaría mi existencia  hasta el final de la misma.

Ese día mí barrio tenía otra cara, una muchedumbre se agolpaba alrededor de la Iglesia, algo pasaba, eran los albores de los 80 y aunque mis recuerdos son difusos lo tengo en mi mente como algo imborrable.

Entonces llegaste Tú, venías a hombros de tus hijos, los mismos que ocho años después te llevamos a ti y a tu Madre a Sevilla, una soleada mañana de primavera.

Te quedaste para morir cada Martes Santo, a eso del mediodía, clavado en un monte de claveles burdeos y capas blancas azahar, regando con tu aroma las calles de mi barrio, y que un romano arrepentido por lo que hizo, se diera cuenta que en verdad eres el Hijo de El Cerro.

Treinta años de aquel día, treinta años que la coincidencia y el azar quisieron que aterrizaras en El Cerro, como paloma que busca su nido al lado de su gente, treinta años de tu llegada, treinta años venerándote, treinta años desde que te vi por primera vez, treinta años desde que te quedaste en lo más profundo de mí ser, treinta años de devoción, que ahora en plena madurez, cuando la niñez hace tiempo que quedó atrás, siento más profundamente hacia ti.

Cada lágrima que derramo al verte, es un clavel que está apostado a tus pies, cada lágrima que derramo al verte es un recuerdo de mi niñez, cada lágrima que derramo al verte es ese familiar que se fue contigo para no volver jamás y algún día espero volvérmelo a encontrar.

Por que Tú eres El Cerro, y El Cerro eres Tú y tus hijos somos El Cerro contigo y tu Madre, así que pasen otros treinta años más ,o sesenta o por toda la eternidad.

Tuve el honor de sentirte bajo tus trabajaderas, de llevarte ese primer año para que te viera y conociera Sevilla, y Sevilla se quedó prendada de ti.

Llegaste y te quedaste para siempre en  tu barrio, donde te esperábamos tus vecinos y tu Madre, que te recibimos con los brazos abiertos, brazos que te apretaron con amor y devoción hasta el punto de hacerte cerreño por los siglos de los siglos, AMÉN.

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