Lluvia de lágrimas en El Cerro

Llevaba varios días con la carnes abiertas, la predicciones no eran nada positivas y aunque siempre se tiene la esperanza sabía que la cosa pintaba regular tirando pa´trás.  Es como cuando te dicen que un familiar está muy grave y en breves momentos ocurrirá el fatal desenlace, te agarras a cualquier esperanza y no por esperado es menos doloroso.

La mañana empezó como todos los Martes Santos, a las 10 en casa de los abuelos. El salón era un mar de túnicas planchadas con el cariño de una madre que ya es abuela, cada una con su cíngulo, su escudo cosido con hilos de amor en las capas y unos antifaces cuidadosamente guardado sin una arruga, que el terciopelo es muy caro y la cosa no está para gastos extras.

Al llegar a la Iglesia, me postro ante mis titulares y como en un ritual maravilloso que se repite año tras año se me humedecen los ojos. Junto a mí, mi hermano, que lleva desde el primer año de nazareno, y el mismo ritual, no nos miramos, por si a caso alguno se derrumba en nuestro dolor.

Previamente, habíamos dejado a los más chicos en su tramo, esos que son los que más han sentido el no poder salir, esos que han cogido el relevo de este bendito veneno.

Saludo a tantos amigos que sólo nos vemos este día, antiguos compañeros de trabajadera que han sufrido la injusticia de un capataz que…, mejor me muerdo la lengua (quizás algún día diga lo que pienso), compañeros del colegio, gente del barrio. Todos con la misma cara de: “Este año nos quedamos en casa”. La espera se hace eterna y cada vez es más tensa.

Llega el Hermano Mayor, Pepe Anca, curiosa coincidencia Adolfo López en su primer año de mandato también tuvo que pasar por el mismo mal trago, nos comunica que hay que esperar media hora más. La espera se vuelve aún más tensa, después llegan los costaleros, ocupan el poco sitio que queda libre en la Iglesia, se barrunta lo peor.

El Hermano Mayor de nuevo toma la palabra para decirnos lo que todos nos temíamos; “Este año no salimos”, la Iglesia rompe en una expontánea ovación y las lágrimas ya no se pueden contener, tras rezar un Padre Nuestro y un Ave María empezamos a abandonar la Iglesia.

Pero lo peor estaba por llegar, el momento de ver de nuevo a mis hijos y sobrinos, tremendo. El sofocón que traían las criaturas no era comparable con nada, a mi sobrina y mi hija no había forma de consolarlas y este que escribe estas palabras se derrumba al abrazar a mi hija y se está emocionando al recordarlo.

En fin será el año que viene, pero hay un problema, para el año que viene todavía queda un año, y eso es mucho tiempo de espera.

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2 respuestas a Lluvia de lágrimas en El Cerro

  1. Moi dijo:

    Hay que mirarlo por el lado bueno y es que queda menos de 1 año, eso si, como bien dices, bastante largo. Te lo dije en la iglesia y te lo digo tambien aqui: sigue asi que tienes 1 blog de lo mejor que hay. Y que viva la Virgen de los Dolores y el Santisimo Cristo del Desamparo y Abandono.

  2. varaplata dijo:

    Ni el martes en el Cerro ni el jueves en las Cigarreras, llevamos cogidos de la mano unos años, mis niños con sus tunicas blancas en la casa hdad del Rocio del Cerro desesperados ante la larga espera, para luego saber que nos quedabamos en casa, y menos mal que fue así, porque agua cayó al rato en cantidad, y el jueves con sus túnicas moradas no sabian mas que decirme que cuando la virgen de los Dolores se queda en casa la Victoria también.
    Un saludo.

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