El otro día fui a verte.

Señor, el otro día fui a verte a tu casa de San Lorenzo, el otro día volví a sentir ese escalofrío que siento cada vez que te veo de cerca.

Y no sé por qué, no lo sé, no sé por qué al postrarme ante Ti se me hiela la sangre, esa sangre que al llegar esta época me hierve y bulle esperando que lleguen los días más anhelados.

Que olor tenía tu Plaza de San Lorenzo, ese olor a azahar con los naranjos pariendo el oro blanco que profanan mis sentidos más íntimos. Cuanta gente viéndote, cuanta gente rogándote, cuanta gente pidiéndote por sus necesidades, cuanta gente te quiere, como te quiere Sevilla, Señor.

Hay Señor, qué sería de nosotros sin tu presencia.

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