Carta al niño Jesús.

Andaba dando un paseíto por la Comunidad Cofrade de Pasión en Sevilla, cuando di con esta carta al Niño Jesús escrita por Juan Antonio Montero y es que acaba de nacer y ya estamos deseando de matarlo.

No te lo tomes a mal, en contra tuya nada tenemos. Aquí, Padre mío, somos así. Donde unos ven dolor, nosotros vemos sacrificio; donde unos ven sangre, nosotros vemos salvación; donde unos ven muerte, nosotros vemos vida… No es que no deseemos verte nacer, Dios mío. Simplemente para nosotros tu nacimiento se produjo después de tu muerte, a los tres días concretamente. Naciste no para morir, sino para nacer otra vez. Dos nacimientos y una muerte, Señor, que a Sevilla le roban el corazón.

Niño Jesús, déjame que te explique. No es que no nos gusten los pastores, simplemente nos alegrarían más si en vez ovejas llevasen cirios y capirotes. Igualmente no es que no nos gusten los regalos de los Reyes Magos, solo que a nosotros nos van más los caramelos y las estampitas. Aun así, Niño Jesús, los regalos que te dieron no los aprovechamos mal, no te podrás quejar.

Por otra parte, Niño Jesús, Belén es una ciudad maravillosa pero estarás de acuerdo conmigo en que donde se ponga Sevilla… Además, Señor, no me compares el río en el que las mujeres lavan su ropa con el Guadalquivir trianero… Ahí sales perdiendo y lo sabes.

De la misma forma, Niño Jesús, a nosotros nos gustan mucho los animales, pero con nuestros matices. Donde tu pones la mula, nosotros ponemos la borriquita del Domingo de Ramos; donde tu pones al buey, nosotros ponemos al caballo de La Lanzada. ¿Tu estrella? No dudo que fuera bonita, Niño Jesús, pero ¿qué me dices de la qué guardamos nosotros en San Jacinto? Niño Jesús, creo que te voy a acabar convenciendo…

La Anunciación a los pastores también es un pasaje precioso pero, Niño Jesús, entre tu y yo, la Cuaresma que tenemos aquí para anunciar lo que se nos viene encima no tiene competencia… Y no me discutas, porque sabes que es verdad. Además, Señor, nuestro Ángel, el de Montesión y las Aguas tiene mucho más arte que el que avisaba a los pastores. ¿O acaso no has visto con que sones se mueven?

A ver, es cierto que tenemos cosas en común. Mira tus romanos y nuestros armaos, mira tus herreros y los nuestros. Los carpinteros y los costureros también, o los músicos por ejemplo. Sin ir más lejos, Niño Jesús, fíjate en la reacción de la gente. Naces, todo el mundo para el portal; mueres, todo el mundo a las calles a verte. Si lo miras así no somos tan distintos en nuestra forma de ver las cosas.

No te me enfades, Niño Jesús, no es que no nos guste ver a tu Madre feliz. Es más, mira las Glorias que tenemos, Padre… Pero seamos sensatos, Padre… ¿Quién le dice no a la belleza de las Dolorosas sevillanas? ¿No es María más Madre en la Macarena o Triana? ¿No lo es en San Juan de la Palma? ¿Y en tu Bendita Plaza? ¿O en Santa Cruz, San Bernardo o San Isidoro? No te conformas, bien no pasa nada. Tu la quieres feliz y contenta, bien estupendo. Vete a la Catedral, Niño Jesús, allí está la Patrona, la Virgen de los Reyes. Feliz y alegre, como tu quieres. ¿Quién gana?

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